─── UN CLÁSICO DE LEÓN DESDE 1948

Nuestro Ronchito

Los orígenes

La historia de esta peculiar golosina —que ha conseguido que su nombre se asocie con nuestra ciudad— va unida a la trayectoria de la única fábrica de caramelos leonesa que sigue funcionando hoy.

En los años que siguieron a la Guerra Civil, la escasez de materias primas hacía que el Estado gestionara su reparto. Era el caso del azúcar, imprescindible para el caramelo, y por eso la tradición dulcera tan arraigada en nuestra provincia estuvo a punto de desaparecer.

Aun así, recién estrenados los años 50, cuando el país apenas empezaba a despertar, se funda Caramelos Santos. Con pocos medios pero mucha ilusión, se abre un hueco en la maltrecha economía leonesa. Su objetivo: crear un caramelo original y único, representativo de su tierra, que sirviera como carta de presentación de la casa.

Cómo nació el Ronchito

Los medios eran escasos, así que no podía ser un producto muy industrializado. Al contrario: algo artesanal y genuino, algo nuestro, algo que llegara al recuerdo de quien lo probara a través del paladar.

Y así llegó la idea. Calentar el azúcar al fuego hasta fundirlo y convertirlo en caramelo, como se había hecho siempre, pero con un toque especial: mezclar ese caramelo líquido y caliente con trozos de frutos secos. A esa base se le fueron añadiendo distintos frutos secos hasta dar con la fórmula que conquistó a todos los públicos.

Azúcar, cacahuete y cacao… y algo más. Esa es la composición del Ronchito. Y ese «algo más» es tiempo, dedicación y cariño: los tres ingredientes principales.

Un nombre con historia

Ya teníamos el producto. Faltaba lo que todo fabricante considera lo más difícil: darle una identidad propia.

Primero vino el nombre: Ronchito, derivado del curioso verbo leonés ronchar —masticar, morder, deshacer con los dientes—, que tantos años después sigue siendo perfecto para la golosina que representa.

La frase más repetida al probarlo era «¡Rico, rico!» mientras se ronchaba el caramelo. Y ahí nació el eslogan que tanto se repetiría: «Rico, rico, caramelo Ronchito».

Llegaron los años 60 y, con ellos, la gran explosión demográfica española. Los jóvenes pedían nuevos sabores, y entre ellos caló rápido la filosofía del Ronchito: un producto natural, sin colorantes ni conservantes, hecho de forma artesanal y con un sabor inigualable.

Durante aquellas décadas fue un caramelo tan apreciado que nuestra producción —limitada por lo artesanal de su elaboración— se distribuía solo en León, a pesar de que gente de otras provincias lo pedía tras conocerlo en sus visitas. Así se ganó la coletilla «de León»: quienes nos visitaban lo llevaban a sus familias como recuerdo de la ciudad.

La tradición continúa

En 1980 se hace cargo de la fábrica D. Andrés Martínez Puente, que supo continuar la tradición y dar un nuevo impulso a nuestros productos, cuidando especialmente el Ronchito. Porque, aún hoy, seguimos siendo una empresa leonesa, cien por cien familiar.

Hoy combinamos la maquinaria más moderna con el cuidado de las técnicas artesanales de siempre —esas que dieron fama a nuestros productos—, todo avalado por un sistema de calidad interno basado en la estructura ISO.

«Ronchitos de León.»

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